Umbrales - Pulsaciones de una verdad esquiva

Imagino cosas
que no existen en este mundo,
pero que existen para este mundo.
No comprendo:
¿Por qué lo que existe
para este mundo no existe
en este mundo?

El no hacer,
que es mi hacer,
hace todo.

Llegar al fondo,
a las grietas más profundas;
donde no hay lenguaje,
pero donde todo se escucha.

La gravedad es lo único
que me retiene.
Por eso la sufro tanto.

A veces,
a tientas,
soy infinito.

No me apoyo en vos,
por temor a que te derrumbes.
Y por no apoyarme en vos,
me derrumbo.

Esa pasividad en torno
a lo trascendental.

El bien es selectivo;
el mal reúne a todos.

Un lenguaje sin respuestas ni preguntas,
un lenguaje inefable.

Todas las ilusiones
caben en una sola mano
y una sola desilusión
no cabe en una cabeza.

Cuando comprendo tu mirada
escucho tu verdadera voz.

Alguna vez,
¿callaré en el silencio?

Todo lo que no se inicia
es infinito.

Me levanté
como pedacitos de porcelana dispersos.
Y sonreí al advertir sus risas.

Y detrás de la piel estabas vos,
tiritando.

Escribe a oscuras,
para no ocultar.

Nada de lo que tengo en mis manos
me pertenece.
Ni siquiera mis manos.

Cuando estoy como una estrella,
suspendido en la nada,
es cuando formo parte del universo.

En lo más hondo de mi fondo
estoy sentado. Me miro mirándome.
Sonrío al niño que me habita.
A los demás, los expulso en silencio.

Nadie deja una idea donde la abrazó.

Un pensamiento sin voz. Libre.
Dislocado de su propio nombre.

Tocar lo insondable y no regresar.

Si mirara por tus ojos,
y se extinguieran los míos,
creo que no me afectaría.

La hendidura tiene un guardián
que no reconozco.

Es el final del laberinto
el que nos devuelve al punto de partida.
Pero cada vez que encontramos la salida,
el laberinto es otro.

Le damos un nombre a todo.
Y todo cambia,
menos los nombres.

No precisa ir a ninguna parte.
No está en ninguna parte.

La melodía que nos lleva a la muerte
es circular. ¿Cómo salir de un círculo?

Lo que no sabemos de nosotros
es lo que nos une. Y viceversa.

Me reprocho todas esas cosas que no hice alguna vez,
que son las cosas que jamás podré hacer.
No comprendo:
¿por qué me reprocho lo que no hice alguna vez,
si es aquello que jamás podré hacer?

Una grieta me regresó al vacío inicial.

Pasos donde acaban todos los caminos
y donde todos los caminos comienzan.

En tus miserias
hallé abrazadas mis miserias.

Comprender que no había nada
que me dejara en el lugar que me hiciste.

Las quejas no tienen tanta fuerza
como las acciones.

El hombre está atrapado por la palabra.

Escuchar lo que el tiempo no vence.

A pasos del vacío me tienta la idea
de la nada y del olvido.

Sólo elegimos
entre opciones preconcebidas.

Nada es eterno si no se pone eternidad.
Y cuando pensamos lo eterno, muere.

De tus labios niños he tomado inocencia,
sin haberte permitido que de los míos
tomaras experiencia.

Quienes rezan de noche
no siempre buscan a Dios…
A veces buscan el sueño.

Mi pensamiento,
cuando se pulveriza,
es un desierto.

Lastimar la mariposa que sostenías con recelo
porque no sabías volar.

Abrí mi herida.
Te extrañaba.

Sabías que no tenía nada de lo que buscabas.
Pero aun así buscabas, donde no había nada.

El no deseo brinda aquello
que el deseo no sacia.

Más habla el hombre
y en su silencio se ahoga.

De pronto emerjo entre fragmentos.

Hay aspectos de Dios que se apartan
del hombre para protegerse.

Quizá la nada abrace todo.

Moriría por ti.
Pero no moriría por lo que tú mueres.

Cautivo, en un adentro que nadie habita.

Ha dejado de ofenderte.
Ha dejado de querer
como quiere el hombre.

Ni aún callando la luz se aquieta.

Hacemos propio lo que conquistamos.
Y lo propio no se conquista.

¿Será el miedo a la muerte
lo que hace que nos matemos unos a otros?

La búsqueda de estética
condescendía con su estupor.

Me asilo en tu alma
como un náufrago
a la tabla de su salvación.

Como nubes disgregadas,
abrazando en nosotros fragmentos.

En el sí mismo todo es vanidad.

Conozco las memorias
de los que nunca habitaron el nacer.

Si la utopía no llega, moriré sin verla.
Entonces no habré nacido.

La parte de la humanidad
que no conoce el hambre
tiene en su poder la pobreza del mundo.

El, que no conoce la ecuanimidad,
tiene en sus manos nuestras manos.

Un espejo que no refleje más
que la mirada interior.

Me hallé luego de haber incinerado
los trajes del engaño.

El temor no tiene límites,
alcanza a Dios.

De ruidos añejos perecemos,
de irrealidades mustias,
de la memoria de la desmemoria.

Hacer un hueco en el sol
para abrir la mirada por última vez.

Le diste voz al silencio
y ahora enmudeces de mí.

Entre tanta insatisfacción
a veces nos satisface el mal.

¿Qué nos impide ser
quienes en verdad somos?

Libertad: ni siquiera elegimos nacer.

Tomo la pluma de mi pensamiento
y la desplumo.

Quien más habla suele
ser el que menos palabra tiene.

Todo me habita,
excepto yo.

Las estructuras fingen estabilidad
para darte un sitio
donde morir de oscilaciones.

Cuando creía comprender la muerte,
me acarició;
volví a confundirme.

Si en mis ojos ves oscuridad
en mi camino verás sombras.

Qué decir de mí…
salvo que estoy partiendo.

Son como cuadros tus ojos.
Y los míos, los míos son como desiertos.

Un lugar donde morir:
cerrar los ojos
y caer abrazado a un arroyo.
Un lugar donde nacer:
abrir la mirada en el agua
y no ver diferencias.

Mi imagen,
por defenderse de algunos,
se aparta de mí.

Estuve a un paso de lo infinito.
Y por no haber dado un paso más,
ahora doy infinitos pasos.

Pensar una utopía hasta plasmarla.

Ambos miramos la vida desde un lucero.
Es desde ahí que callamos.

Despierto de mi vacío,
abro los ojos
y vuelvo a mi natural estado.

Un llenar y un vaciar el cuerpo.
Una suma de sedimentos nos corroe.
Como un estanque
que se llena y que se vacía,
hasta que se pudre.

Cuidar las formas
es el principio de la hipocresía.

La permanencia
perdura en la impermanencia de las cosas.

Allí, donde los pájaros iban a buscarme
y en lugar de mí encontraron a Dios tiritando.

Mi desprolijidad
emprolija mi pensamiento,
como si supiera de equilibrio.

Cerrar los ojos y verte parado
en un lugar donde nada te sostiene.

Lo que nos conforma
es lo que nos deforma.

A veces,
prisionero de mi arraigo,
no pude ver mis alas.

Cuanto no sé
probablemente sea
cuanto supe alguna vez.

Obligado a ser nada menos que espacio.

No hay mirada sin intención.

Las sensaciones guardan
su pureza en el recuerdo.

Deshacer parpadeando los entretejidos
del lenguaje, silenciar hasta el último eco.

Somos víctimas
de pensamientos heredados.

Tiemblo ausencias.
No hay nada que no habite un cuenco.

Encontrarte una vez en la luz y callar.

Por un instante que no tuve
he perdido tanto.

Nacemos desnudos y morimos vestidos.
¿Cuál es la verdad?

Casi no está aquí.
Comprende qué pasa aquí.

La imaginación puede que no exista,
y que todo sea recuerdo del olvido.

Moriré por todo.
Cuando muera,
todo habrá sido un sueño.

Vuelvo de todas mis muertes
a este nacer.

Eres un ángel que muerde la noche,
para no desgarrar mis alas.

Un silencio que colme el lenguaje.

Y apenas he encontrado
el origen del abismo.
No busco nada que tenga nombre.

Mi último llanto
comprende todos mis llantos.

Un abandono que no abandona herencias.

Sin saber decir
muelo las palabras,
las hago polvo.
Silencio la lengua del lenguaje,
sin saber decir.

Hay un dios que me alzó en la montaña.
Un dios que partió de mí antes de nacer.

Entender que no había nada que me dejara
en el lugar que me hiciste.

Hay un espacio donde no somos
como nos crearon.

Juego como un niño que no sabe morir.

Cuando creo ser mi sostén
veo al cosmos sostenido por un hilo.

El niño envidia los juguetes de otros niños.
El adulto envidia a los niños,
con o sin juguetes.

Todo es un misterioso juego de miradas.
Hasta que los ojos se apagan,
y ya no hay juego.

Murió un amigo en común.
Murieron seres distintos.

Quienes no seré
combaten con quienes seré,
y a veces vencen.

Dejar encendida la luz que nadie ve.

Has estado tan lejos
y te he tenido tan cerca…
Temo a las distancias.

Ajeno… como una nube.
Así prefiero estar,
como una nube.

Mi padre, vivo,
fue dos ojos observándome;
muerto, es un centenar de ojos.

Un arribar a nada.
Un derivar en todo.
Así vamos… de lado a lado.

Estoy sumido en el sueño de mi sueño.
No despierto.

Nos unimos en un mar de esperanzas
y nos perdemos
en una ola de desencantos.

Su dolor no tiene consuelo:
mira la injusticia.

Somos pestañeos de lo infinito.

Algún día no existiremos más:
extiendo mis brazos.

En mi nostalgia vive parte de tu olvido.

Hoy creo mucho menos
en el hombre que en Dios.

Alguien descansa por mí
en mis temblores.

Yo no te nombro.
Pero todo te nombra.

Todo está dentro de uno,
hasta el espacio más remoto.

Mi muerte,
como la de muchos,
es la no conciencia.

El abyecto siempre es el mismo.
El justo no siempre es justo.

Un vicio suele tener más vigor
que varios talentos.

Qué debo darte,
¿lo que siento o lo que necesitas?

Mis debilidades son tan fuertes
que no parecen debilidades.

Tropecé con una piedra y caí al suelo.
Tropecé con un punto y caí a un abismo.

Mi mal conspira con otros males,
y todos ellos conspiran contra mí.

Nada tiene fin ni finalidad.
Pero todo se repite, invariablemente.

No sufro de soledad:
el dolor de la soledad no gravita en mí.
Pero la soledad se manifiesta
en toda su dimensión.

Cuando uno no hace nada,
está dejando que todo suceda.

Si dejáramos de mirar hacia afuera,
hallaríamos lo infinito.

Todo nos hace singulares.
Y lo singular, en mí, no hace nada.

Yo vi tus ojos temblar en un adentro.

Un presente de ausencias y recuerdos.
Un presente en fuga
que arremolina tiempos.

Viento adentro mío
un volcán que no calla
y que no emerge.

El pergeñar de la verdad
lamenta la destreza de la mentira.

Me has dado tu único pan:
recibí todo. Y algunos creen
que me has dado sólo un pan.

Si pienso en la nada,
ya no existe la nada.

Al mismo que he visto ayer,
no lo he vuelto a ver.

A cada instante todo se está haciendo.
Pero no lo percibimos.

Y vos que decías que el olvido
hace huecos en la nada:
los labios retuvieron
las formas de cada temblor.

Una mirada que se disipa en el cosmos.
Un infinito de estrellas
en el filo de una mirada perdida.

Conozco mil maneras de calmar tu angustia,
y no hallo una sola que calme la mía.

Presiento,
con todas mis muertes,
cuál es tu hastío.

Nadie sonríe en el alba de lo que pudo ser.

Envejecemos al mismo tiempo
que el tiempo no envejece.

Una caja de espejos que encierre
lo que no fuimos.

Inducido a morir de distancia.

En un pozo sin fondo,
en el centro invariable de lo variable.

Una dosis de irrealidad me mantiene vivo.

Como aquella vez que tiraste de mí
y no había nadie.

Escuchamos lo que sabemos,
el resto, es un misterio.

Sin conciencia del tiempo,
el tiempo no existiría.

El padecimiento está en el pensamiento.

La aparente metamorfosis de mi vida
hace que pierda la memoria.

Es difícil borrar lo que fuiste alguna vez.
Nadie te quiere como sos.

Los apegos no reconocen transformaciones.

Estoy mirando todo
lo que en instantes olvidaré.

Me sostengo donde nada se sostiene.

El niño puede perdonarlo todo
y hasta puede perdonarse todo,
menos el hacerse hombre.

Olvidamos… y la conciencia nos precede.

Muy pocos conocen su propio bien,
pero casi todos reclaman el bien común.

Daríamos todo para que nos acepten,
pero no aceptamos.

Las ideas,
cuando son de este mundo,
no dicen nada.

Toda pobreza ajena a uno mismo
es nuestra propia pobreza.

Todo me define,
pero estoy naciendo.

Entender en la tierra
que viniste del cielo a llevarme.

Ayer destruí todo.
Ayer destruí también el misterio de saber
que dos náufragos sólo deben mirarse.

Se ha extraviado en el paraíso.
No podía dejar de pensar.

Ha olvidado la simpleza:
lo ha olvidado todo.

El mareo viene del vientre materno.

Lo lleno
descansa en lo vacío.

Tal vez no haya nada
que perturbe tanto
como el ego.

Conquistar los deseos destruye
para siempre el ánimo que teníamos
antes de alcanzarlos.

Como cuando ríes un misterio
que no entiendes.

Mil nombres me anteceden, me suceden,
como si nada pasara
cuando pasan mil nombres.

El lugar al que siempre has temido
es aquel donde existimos.

Algunos ancianos saben la verdad,
pero casi nadie habla con ellos.

Sólo miras al cielo
cuando sucumbes en la tierra.

Nada se oculta en el olvido.

Cómo entender que todo acto
es un sinsentido del “sentido” de la existencia.

No colmé los males de mis males.
Sigo naufragando males.

Olvidar los nombres,
la memoria de las cosas,
renacer en silencio.

Cuando sólo nos habitan los recuerdos
comenzamos a envejecer.

Lo inconcebible debería ser el hombre.

Como comer el plato del desasosiego.
Aterido, atado al lugar que nunca quise.

Todo está,
aún donde nada se oye.

Mi nostalgia
aumentó diez años mi soledad.

Nuestro espanto es tal
que queremos definirlo todo.

Quienes en el desierto ofrecen su agua
en el abismo entregan sus alas.

Delante de todo ser hay un muro
que penetra el universo,
pero cuando extiendes tu mano lo disipas.

Todo castra,
hasta la libre expresión.

La sustancia que me pierde
no abandona pérdidas.

Nuestras presencias las percibimos al irnos.

El hombre quiere descubrir la verdad
para no ser una mentira.

Tratar lo ancestral con manos silenciosas.

En el umbral de la mirada
descubrí qué poco usamos los ojos.

Todo brota afuera
y casi nunca se aparta del lugar donde nace.

He muerto tanto que hoy mi llanto ríe.

El cosmos me pregunta por qué pregunto.

Nos fundimos en un abismo.
Para no caer.

Mi voz es un silencio sin adornos.

Adonde miran mis ojos
nuestro espacio no llega.

¡Qué ruido hacen los pasos
vacíos de huella!

En el detalle
lo bello comienza a ser feo.

Aquello que no he callado a tiempo
sigue socavando.

La luz sufre de oscuridad.

No saber decir nada
y perecer habiendo hecho todo.

Te hiero por mi herida.
No porque me hayas herido.

Llegar al centro del nacer
antes del nacimiento,
para dialogar con la muerte.

Los pasos que di en mi niñez,
son los pasos que hoy busco.

Cuánto movimiento hay en la quietud.

Muy pocas huellas marcan camino.

Resistiendo al mundo en mí.
Y a mí en el mundo.

Todas las heridas abiertas al olvido.

En la incertidumbre,
y no en la certeza,
es donde renacemos.

Ser el secreto que resguarda el silencio.

Fragmentado.
Como siempre.
Del ser al no ser.
De la mañana a la noche.
Como un papel doblado en cuatro.

Seguiré erosionándome,
hasta ser.

A veces, a tientas, soy infinito.