Umbrales olvidados

“Umbrales olvidados” son algunas heridas del pensar, rescatadas de otras, que nunca edité. Conformaron el último filtro de la primera edición de “Umbrales”. Tal vez hayan sido mis primeras inquietudes medianamente aceptables, en busca de respuestas al espanto: que es abrir la mirada a la realidad… cuando la sentencia parecía ser el único camino posible.

Hurgar en la propia existencia.

Dejar pasar los días en uno y a uno en los días.

Cada día me siento más lejano.

Busco un umbral que tolere mi presente.

He volado alguna vez.
Así te conocí.
Volando.

Las sensaciones guardan
su pureza en el recuerdo.

Estamos plagados de pesares
sometidos a la costumbre.

¿Dónde está el recuerdo del olvido?

El mundo que más anhela
es el mundo que no ha conocido.

Intenta mirar más allá,
de niño miraba las estrellas.

Arraigado en mis costumbres heredadas,
muero abandonado por ellas.

Como si la vida comenzara con tu nombre
y mi nombre no tuviera más peso.

Tener un buen diccionario.
Descubrir nuestra inconsistencia.

He de partir al silencio.

De cuando en cuando renueva sus culpas.

Nacido en el lugar incorrecto.


Contemplar el silencio,
con ojos de arena.

La fortuna de perder
es no encontrar lo perdido.

Nunca estamos donde deberíamos estar,
ni en el presente.

No hay otra realidad que la que elegís creer.
Ni limitación más grande que tus propias creencias.

Su misantropía era perversa,
de vez en cuando precisaba socializar.

¿Cómo explicarle a tu hijo que todo lo que hallará después de la infancia
es la concatenación perfecta de las decepciones?

Tenía todo el universo para morir de podredumbre,
pero el eligió hacerlo a nuestro lado,
no quería que sus infecciones muriesen solas.

La tendencia a falsear, a esconder y a callar la verdad
es un hábito que nos enseñan de niños.

Levantarse todos los días,
abrir los ojos, comer,
trabajar, dormir, ir al baño:
qué absurdo organizado!

El polvo de mis manos en el universo.

Mandarse cartas a sí mismo y contestárselas.

El hecho de repetir invariablemente cada hábito hace,
de la vida, una cárcel de acciones irreversibles.

Acabar siendo lo mismo que fuimos antes de nacer.

Hay ciertos rasgos repugnantes de la personalidad humana que se repiten en otros,
son las veces que dan ganas de ser una planta.

Los caníbales probablemente conocían el devenir de la humanidad
y quisieron anticiparse, sin éxito, comiéndose unos a otros.

Es aquello que no oímos
lo que intento decir.

Es conveniente olvidar un poco.