Umbrales caídos

“Umbrales caídos” es un grupo de aforismos que se postula al abandono. Son aforismos de una camada mayor que reemplacé por otros en la segunda edición de “Umbrales”. Con el correr del tiempo, es muy probable que termine comprendiendo la lección, que todos mis “Umbrales” serán umbrales caídos: nubes de olvido.

Por perderte me perdí,
por no buscarte me encontré.

Sin utopía no hay esperanza.

Muchos mueren por lo que hacen,
pero pocos mueren por lo que aman.

En mí, cohabitan desiertos, mares y montañas.
Aunque suelo estar en un desierto
recordando naufragios y caídas.

Uno comienza a descubrir
quién verdaderamente es,
cuando logra abstraerse de su cultura.

Vengo de distancias
que claman lo infinito.

Náufragos de mí partieron
olvidando mis fragmentos.

Cuando el sueño me encuentre sin sueño,
todo se habrá ido,
pero todo estará intacto
-las flores renacerán.

Silencio es lo único que busco.
Lo demás… nada, no anhelo más.

Esta mañana no me desgarran las flores.
Los apegos no me retienen en mis tumbas.

Voy al lago.
El viento y el lago
callan mi voz.

Dos gotas,
como dos ojos,
caen en mí.
Recostado,
recibo la lección.

Las nubes en el agua,
el agua en las nubes.
Nada extraño.
El hombre pasa.

Nada en mí, sólo vacío.
Todo en mí, sólo vacío.

Nadie te ve como en realidad eres.
Pero es así como te quieren:
como cada uno te ve,
y no como eres.

Muchas puertas no se abren
porque nadie las abre.

Lo perdonado,
si es en verdad perdonado,
no debería recordarse.

Hablamos porque sufrimos.

¿Por qué no ayudamos a quien nadie ayuda?

A veces, el más amable, es el más perverso.

Tu enemigo siempre
encontrará motivos para criticarte.
Cuando no halle más defectos,
criticará tus virtudes.

Somos marionetas desde el comienzo,
aunque los hilos se nos revelen invisibles.

Prejuzgamos,
y un arlequín puede ser el hombre más serio.

Con una sonrisa de niño se fue apagando,
como una flor que nace.

Un atardecer amanece dorando el hilo de tu voz.

Voy adonde los hombres no van
al lago en primavera.

Lo que más se dice de uno
suele ser lo que uno más se reprocha.

Sé que no puedo contra todo un sistema,
pero sé que tampoco todo un sistema
puede contra mí.

En el silencio de mi padre
hallé su verdadera voz.

Tantas veces
me hallé solo,
que pienso
que estoy solo.

No podías dejar de herirme,
pero sí podías herirme menos.

A nadie le falta valor
para soportar la desgracia ajena.

La nostalgia se resguarda donde puede.

Tus ojos secos no aceptan brillo y morimos de opacidad.

A veces,
prisionero de mi arraigo,
no pude ver mis alas.

Un aforismo
es un libro en pocas palabras.

Comienzo todo poco a poco,
como concluyo todo, poco a poco.