Aforismos Inconclusos

“Aforismos inconclusos” es un conjunto de fragmentos en gestación.

Todo escritor va acumulando letras en el tiempo, en cuadernos o en hojas donde ensaya; en general es donde finalmente convergen todas las frustraciones del escritor: las cosas que a uno le gustaría decir y no sabe cómo.

En mi caso, doblo un papel en cuatro y en cada carilla escribo nimiedades que, amén de que pueden conformar o no un futuro libro, uno siempre entiende que todo, absolutamente todo, se trata de borradores, simples “borradores de la existencia” que a veces uno se atreve a mostrar.

 

Todo lo que me ignora e ignoro,
todo aquello, en el universo,
que reafirma este mutuo ignorarnos,
me dice a gritos: hay un silencio
en el decir de Dios
que nunca revelará el misterio.

La moral se acomoda a las circunstancias y a las épocas.

Ya sin destino, pero siempre partía convencido.

Descubrirse en otro, y no volver al espejo anterior.

Tengo la incertidumbre de un náufrago.

Todas las creencias están destinadas a hundirse.

La soledad es una habitación muda llena de espejos.

La mentira sólo encuentra asidero en las personas.

Aquello que te rodea es capaz de matarte.

Un grito en un pozo que nadie ve.

La absurda locura de resistir entendimientos.

Todo infierno puede mejorar.

Hay un espejo para todo existir,
un espejo que no miramos.

Camino en el filo de las palabras, en un espejo que se desliza.

Somos ese ser trunco ignorado por nosotros mismos.

Una huella tan profunda que sea capaz de enterrar a la humanidad.

Yo vi a la abulia apretarme las piernas
en la oscuridad.

Escribir la ausencia.

Un poema de olvido.

Como hojas en blanco, en el fuego dormido.

Un poema, como un silencio que no nace.

Un abismo donde sentirme vital.

Todo aforismo puede llevarnos a un infinito.

Vuelvo los ojos, dejo pasar los ecos.

Algunos habitamos la ingravidez.

Educar sin dejar cicatrices.

Cada vez que “formamos” deformamos algo.

En los pueblos sólo hay conocidos desconocidos.

El humor es cambiar la perspectiva de las cosas.

Avezado escritor busca editor idóneo.

Somos ese ser trunco ignorado por nosotros mismos.

Entibia melodías y las olvida.

Cubre de hierba sus manos se arropa en el lecho de un río.

Escribir, como si no nos hubiéramos interpelado nunca.

En la nada comienza el infinito.

No hay nada que no se perciba respirando.

Mirar sin tiempo la arena.

La sensación de que nada había ocurrido antes.
Un presente en movimiento perpetuo, sin memoria ni peso.

Morir en los otros: el no deseo como camino esencial de preservación.

Nuestra especie: arremetemos hacia nosotros,
como si no resistiésemos nuestra humanidad.

Deseo de conquista: el hombre sale de su núcleo
y retorna con las manos sangrientas.

El fracaso contemporáneo es ver la realidad
como un devenir irremediable,
donde la más mínima intervención
colabora con la atrocidad del destino.

Objetos en el aire: pensamientos que se escapan de las ansiedades.

Dos mujeres a las que les faltaba una parte mía.

Abrir los ojos sin salir herido.

En la mirada de los otros hay poco lugar para lo ajeno.


Dejarse arrastrar por lo que uno más detesta,
hasta que desaparezca.

Lo más doloroso para el hombre es reconocer
que tiene más en común con sus enemigos
que con las personas que más admira.

Lo último que vi, al cerrar los ojos, fue mi espalda.

En la perplejidad de lo hallado por primera vez.

La filosofía es el hondo sedimento donde naufragan todas las ideas.

Insoluble, en su tela de araña, la mente procura encontrar.

El niño mira al hombre avergonzado:
mira lo que va a ser.

Un instante de vacío contiene el universo.

Sin punto de apoyo. En un espacio ciego.
Vago. Sin certezas ni rumbo.

El espacio se extingue en nuestros ojos.

Necesitaba un silencio de otro mundo.

Las esferas se han caído,
dejando agujeros del universo.